Mostrando entradas con la etiqueta Psiquiatra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Psiquiatra. Mostrar todas las entradas

miércoles, septiembre 26

Del sindrome de Venezuela.


Hoy mi mamá en un arrebato de estoy jugando a echarte broma porque en realidad estoy diciéndotelo en serio, exclamó lo siguiente refiriéndose a mi persona: “ERES UNA VIEJA FASTIDIOSA”. Mi Marvy -quien me engendró y por tanto no es cronológicamente más joven que yo- tiene toda la razón, soy como Lisa Simpson y Hermione Granger, un alma de vieja disfrazada de cuerpo joven –y que por el amor de Dios siempre sea así y no al contrario.
He envejecido, lo sé, soy una doña que luego de considerar emocionantes, aceptables y arrebatadoras ciertas cosas de la vida, ahora solo encuentra peligros, absurdos y defectos en las mismas. Mi cuidado, severidad y manias han aumentado en intensidad de manera directamente proporcional al aumento en número de fobias -como suele suceder en una anciana normal.
Pero decidí analizarlo y concluí que no soy culpable de todos esos cargos… ¿saben quien sí lo es? VENEZUELA, y no precisamente me refiero a mi prima –si, los hermanos Millán, incluyendo a mi papá, se ponen creativos a la hora de asignar nombres de pila a sus hijas-. Entonces usted se estará preguntando ¿Por qué culpas al territorio bolivariano y revolucionario mismo de la quinta república de Venezuela antiimperialista misma corazón de mi patria, de hacerte envejecer y fomentarte la aparición de –MÁS- fobias? Y yo tengo una teoría para usted.
Comencé mi rigurosa investigación psiquiátrica mientras veía un capitulo de Los Simpson en el cual la familia viaja a Israel y tras ciertos sucesos Homero termina sufriendo el síndrome de Jerusalén, una psicosis aguda que causa en las personas ideas delirantes e incluso alucinaciones referentes a la biblia –se creen [mas] Dios, Jesús, Moisés u otro de esos. Posteriormente revisé el síndrome de Estocolmo y por último el síndrome de París o síndrome del japonés iluso, como me gusta decirle- lo que me llevó a formular la siguiente hipótesis:
TODOS LOS VENEZOLANOS SUFRIMOS DEL SINDROME DE VENEZUELA
El síndrome de Venezuelasegún Angela Millán médico cirujano UDO-Anzoátegui especializada en psiquiatría UCV y con doctorado en neurociencias de la universidad de Oxford- es un trastorno delirante que afecta a los venezolanos durante gobiernos socialistas mismos. La enfermedad se exterioriza en ideas de tipo persecutorias y de daño, además de respuestas simpáticas exageradas ante la amenaza. Fuente: Wikipedia del futuro (año 2025) –esta es la prueba de que el mundo no se acabó en el 2012.
Díganme entonces como evitar envejecer cuando el síndrome de Venezuela te somete a vivir tus días de la siguiente manera (relato de la vida real):
¡Mira, hay leche en ese anaquel! Agarra dos paquetes… Si yo se que en la casa hay pero cuando se trata de leche nunca es suficiente, además yo se que va a desaparecer de nuevo… No, no lo leí en el periódico, yo simplemente se que la leche va a escasear pronto... ¿Agarraste el paquete de leche?... ¿Te costaba mucho agarrarlos?... Mira a mi no me importa si en la casa todavía hay leche, yo no me voy a arriesgar, yo si voy a agarrar los dos paquetes porque de que van a dejar de sacar leche, van a dejar de sacar leche, escríbelo… ¿Pero cómo se te ocurre darle la espalda al carrito con esos dos sobres de leche ahí?...  Claro que si te lo quitan y los meten en su carrito, la gente está al asecho de la leche, me ven que tengo dos sobres de leche y están esperando cuando me descuide para sacármelos del carrito… si, ahora llámame loca, esa doña que tú ves ahí, si esa, tú la ves con su carita de “yo no fui” pero yo vi que ella me vio desde que vi la leche en aquel pasillo… vamos a pagar, pero no te metas en esa cola, la cajera que atiende es medio sospechosa y es capaz de decirme que el sobre de leche no tiene código para quitármelo facilito… cuidado que ahí viene un tipo con pantalón rojo… ¿Cómo que “y entonces”? no le ves la pinta, capaz nos quita las bolsas de leche… Ese podrá ser el que cuida carro pero ese tipo sabe que hubo leche y anda viendo a quien quitarle… Menos mal que le diste los 2bs, porque desde que salimos del supermercado ese hombre me estaba viendo la bolsa donde llevo las leches… Escucho una moto, sube el vidrio rápido que ahí viene una moto… ¿Cómo que “y entonces”? una moto con dos tipos montados sobre ella y nosotros con los vidrios abajo y una bolsa de leche… Comete la luz, no importa, QUE TE COMAS LA LUZ VALE, TU NO VES QUE LA MOTO NOS VA A QUEDAR AL LADO… Si no te comías esa luz, esos dos tipos nos quitaban la leche seguro…
P.D: Esa fue MI foto que estuvo participando en el concurso VOTA SIN MORDAZA. Ironicamente en la mencion "Fotografia" ganó algo asi como un diseño de pancarta HORRIBLE, ni hablar de los otros dos lugares. Nunca me dieron mi diploma por quedar de 6ta finalista. Gracias equipo de UN MUNDO SIN MORDAZA, ustedes son el futuro de un país organizado.

domingo, marzo 18

De la felicidad y los trastornos desadaptativos.

Siempre he rechazado la conceptualización colectiva del término felicidad como un estado que alcanzamos cada cierto tiempo y cuya duración tiene fecha de vencimiento. Mi teoría se centra en la lucha constante por lograr lo que nos proponemos, esa necesidad de un algo y el esfuerzo que concentramos en alcanzarlo es lo que yo denomino felicidad. Exclamar frases como “hasta que no lo alcance, no seré feliz” no es más que una mala costumbre bien arraigada, que nos forja a ignorar el hecho de ser felices solo emprendiendo un viaje cuyo destino final es nuestro objetivo inicial.

Por tanto, si las personas creen que la felicidad es un momentico y ya, me pregunto ¿nuestro día a día es entonces un estado de infelicidad crónica? Seria esto injusto con la vida, incluso cuando ella a veces no es tan justa con nosotros. La plenitud total es lo que sobreviene a resistir las turbulentas tormentas y vencer todos los obstáculos que te separaban de tu tan anhelada meta, y aunque su duración es limitada, representa el final de un ciclo pero muy bien, el inicio de otro.

La infelicidad no se produce por las dificultades propias del viaje, ya que estas las tanteamos una vez que trazamos el camino a transitar hacia nuestro objetivo. Por ende, la infelicidad no es el producto de algo estático y previsible, pero si de algo que surge sorpresivamente en contra tuya y de nadie más, un generador de sufrimiento personalizado que no te plantea un reto –como lo haría el obstáculo-, pero si daña esmeradamente tu frágil alma, tus sentimientos puros y tus sueños inocentes. Es decir, la infelicidad no es producto de un algo que te impide seguir, es resultado de un alguien que te lesiona para que no sigas.

Hace casi un año mi travesía = felicidad en búsqueda de la plenitud total, se tornó oscura y fea, idéntica a aquel dibujo que mostró la psicólogo en una clase de psicología médica, y cuyo análisis personal me convirtió en la deprimida-suicida del salón. Un camino oscuro y solitario, con un monstruo escondido que conoce tus pasos y, situaciones terribles, espeluznantes e hirientes. Y así fue mí recorrido durante algunos meses, hasta que un buen día todo empezó a iluminarse, todo excepto esos rastros de oscuridad y amenaza constantes dentro de mi alma.

Recientemente leía uno de los libros que tanto me encanta revisar –el DSM IV- y encontré un trastorno que no conocía profundamente –al menos en teoría- denominado trastorno desadaptativo. Coincidiendo con sus criterios, me autodiagnostiqué. En el trastorno desadaptativo ocurre la aparición de síntomas emocionales o comportamentales como respuesta ante la presencia de un estresante, siendo el malestar producido, mayor al esperable, deteriorando la actividad social/académica/etc. Los síntomas pueden ser depresivos, ansiosos, o mixtos, yo presento uno mixto.

Lo bueno de los trastornos desadaptativos es no se escuchan voces que te dicen “matate” o deliras que todos conspiran en tu contra, tampoco se deteriora el cerebro ni pierdes muchas capacidades mentales. Se supone que una vez aplacado el factor estresante, tu vida vuelve a la normalidad en 3, 2, 1. Y lo certifico, una vez que controlas los factores desestabilizantes y tu refugio es reconstruido, vuelves a ser una persona más o menos normal y homeostática, con fe en el futuro y confianza en que no pasaras por eso de nuevo.

Hasta que, como yo, pasas por algo similar de nuevo, tu vida se desestructura de nuevo y la desesperanza predomina en mis días… de nuevo.

domingo, noviembre 20

De El Sindrome de Desconexión Sentido Común-Lengua

Tengo unas cuantas semanas pensando en la absoluta necesidad que tenemos los seres humanos de nacer con un pequeño control remoto –no universal- para ser usado en caso de emergencias. Este debe contar con los botones básicos, dígase el de cambiar canales adaptado para los humores borderline –o/-, uno para adelantar momentos no gratos, otro de retroceder –aunque por la paradoja, físicamente no será posible- y más relevante que los sube/baja volumen, el “mute” por las razones que explicaré en los próximos párrafos. 
En mi afán por comprender la conducta humana, he emprendido un nuevo ¿trabajo observacional? A través del cual he descubierto una nueva ¿alteración? que seguramente me llevará a ganar el premio Nobel de medicina. Se trata de “El Síndrome De Desconexión Sentido Común-Lengua” el cual puede expresarse en individuos de cualquier edad, raza y sexo sin antecedentes de traumatismo craneoencefálicos o retrasos mentales.

En resumen, las personas que padecen este síndrome lucen normales, sin embargo, cada vez que abren la boca dicen barbaridades de magnitudes impresionantes, embarrandola en miércoles por la tarde. Las frases que los caracterizan pueden ser verdaderamente disparatadas, ilógicas y desubicadas en tiempo, espacio y personas. A continuación les presento un caso de una individuo que he llamado “la mujer morisqueta”. 

Como de costumbre todos los jueves, a la 13:00 en punto entré al salón donde curso sexología médica y me senté en el primer pupitre de la fila. Paseé mi mirada por el salón hasta que la encontré sentada en la fila siguiente casi de última. Una risita al mejor estilo de pulgoso (el perrito de los autos locos) salió de lo más oscuro de mi alma al tiempo que me pregunté ¿qué clase de locura dirá mi compañerita en voz alta hoy?
Díganme muchachos, ¿cómo se produce leche en las mujeres?
Preguntó la doctora. Para los que ya hemos visto gineco-obstetricia la respuesta era sencilla: prolactina e hipófisis. Clásicamente el estimulo que crea el bebé al succionar el pezón y los tumores hipofisarios producen galactorrea, como bien lo explicó mujer morisqueta.

Muy bien, ¿de qué otra manera se puede producir leche?
Y todo lo bueno que pudo decir mujer morisqueta, se vino abajo estrepitosamente con su siguiente respuesta:
Bueno doctora, cuando a mí, bueno, cuando a una le succionan los pechos durante la relación sexual sale leche… es decir bueno yo he visto, bueno, he leído, es decir…
Esa fue las expresión que se apoderó de los rostros que presenciábamos aquella clase. Nuestro asombro se volvió carcajadas luego de que una sexóloga bastante asombrada exclamara a todo pulmón:

¡¿Cómo?! ¡¿A ti te sale leche en cada relación sexual?! ¡¿Cuántas veces al día tienes sexo?! ¡¡Mínimo 5 veces y con succiones bien fuertes!!
Siempre me había preguntado por qué mujer morisqueta seguía con su pareja. Varias veces había escuchado que su novio era de la clase “problemáticos”, esos que se van los viernes por la noche a beber con los amigos, aparecen cuando les da la gana e incluso, una vez llegó a mis oídos el rumor de que él le robaba dinero… hoy entiendo que ojos vemos, ¿penes y agilidad bucal no sabemos?
Esa tarde, la mujer morisqueta necesitó con urgencia de un control remoto que pusieran en “mute” a su severa desconexión lengua-sentido común. Y si bien dicen por ahí que el sentido común es el menos común de todos los sentidos, personas del mundo vamos a hacer una campaña por al menos mantener un poco el pudor, a menos que quieran convertirse en un reality show barato como Jersey Shore, para expectantes como yo que deciden plasmar sus historias en un blog que nadie lee.
Good Night and Good luck.

jueves, septiembre 22

De que simplemente no te quiere.

¿Será que le envió un mensaje? ¿Qué piensas tú? Voy a enviarle un mensaje y si responde le digo para llamarla…

Y efectivamente, luego de usar mi poker-actitud de psiquiatra en formación y decirle eres tú quien debe hacer lo que creas conveniente, decidió enviarle un mensaje de texto a la mujer que desata sus peores crisis existenciales –otra vez. Ella, con su poker-actitud de mujer black widow, respondió distante al mensaje desesperado que él le había enviado, estableciendo una pobre interacción que fue suficiente para armarlo de valor y proponer darle un ring. Ella prometió avisarle, sin embargo nunca cumplió.

A través de esa historia, cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia, entendí que los seres humanos nos esforzamos por hacer de nuestras vidas un deja vu eterno, eso de tropezarnos con la misma piedra dos veces –y 3,4,5,6 +oo veces- es algo inevitable para nosotros por la única razón de que nos fascina revivir nuestros errores.

Y es que cuando de amor se trata, la carga hormonal y las sinapsis aceleradas de nuestro sistema límbico nos convierten en verdaderos tarados. Tal como dice el mito de que la virgen pasa un manto sobre la mujer que ha parido para que olvide el dolor y quiera embarazarse de nuevo, Cupido pasa su pañal para que las personas olviden el desafortunado enamoramiento y se enamoren de nuevo. Debe ser la shit del pañal el secreto tras la amnesia retrograda que surge luego de cualquier amarga experiencia amorosa... así como en una película que vi hace unos días.

A primera vista, el poster de “Simplemente no te quiere” es desalentador, cuando muchas estrellas se reúnen para filmar una película el resultado es equivalente a un desastre de proporciones épicas. Sin importar esa aseveración cinematográfica, mi naturaleza cinéfila decidió darle una oportunidad a la historia de dos –MUY LARGAS- horas y diez minutos de duración.

Esencialmente la trama está enfocada en 3 relaciones de pareja –una más decadente que la anterior- cuyos personajes se interconectan los unos con los otros siguiendo una enredada regla de los 6 grados de separación. Así nos mezclamos con un matrimonio “perfecto” hasta que la naturaleza mitómana del esposo se cruza con una perra del infierno; a los concubinos imperfectos que experimentan la presión de las nupcias –la falta de- y por último, con la eterna rechazada-desesperada.

Ese último concepto es mí preferido, la mujer –en la vida real también puede ser hombre- que persigue a una persona simplemente por alguna palabra bonita que llene de esperanza –erróneamente- su corazón. Esa que se aferra a vínculos débiles y exagera hasta el mínimo gesto de cariño. Es ahí cuando aparece mi personaje preferido Alex, cuya carencia de escrúpulos y sutilezas deja claro que: si no te llama, si no te busca, si no te habla, si desaparece, si te deja esperando, SIMPLEMENTE NO TE QUIERE…

Parece sencillo de entender, no obstante, mis estudios de campo demuestran que la gente rechaza tal afirmación. Por esta razón he decidido que mi trabajo investigativo final para obtener el título de doctora en neurociencias de la universidad de Harvard –pienso en grande- tendrá como título:

¿Por qué el ser humano se resiste cuando SIMPLEMENTE NO LO QUIEREN?

jueves, septiembre 1

De los miserables...

A medida que transcurres entre los caminos borrascosos de la vida y encuentras en el recorrido cualquier número de seres humanos con los cuales inevitablemente interactúas, notas la facilidad con la que cada uno de ellos logra adaptar una simple palabra a gran variedad de situaciones. Ejemplos:

¡Hay que ser bien miserable…! ¡Miserable hijo de p…! ¡Pobre, que miserable su vida…!

Miserable, palabra protagónica común en las tres expresiones; esta versatilidad para aplicarse a diferentes frases radica en su condición polisémica, definiéndose miserable como: persona pobre y necesitada de ayuda económica; individuo que intenta gastar menos de lo que podrían permitirse; e incluso, persona despreciable, que realiza actos perversos.

No obstante, en este post no hablaremos de lingüística ni lenguaje; hoy, a través de un caso que les he preparado, exploraremos los miserables de la vida real, esos que contrastan con los miserables de Víctor Hugo y que nos demuestran como la ficción anda en pañales mientras la realidad ya tiene bastón…

Caso: familia adinerada con un hijo a quien llamaremos –para mantener anónima la identidad de todos- Policarpio. Policarpio, rico de cuna y ególatra consumado, pasa sus días quejándose del mundo en que habita, del aire que respira y de la incomprensión “incomprensible” que debe soportar de las personas que lo rodean. Policarpio se lamenta con infortunados de cómo sus padres ignoran más que sus caprichos, reales necesidades.

Desde hace días tenia atragantada cual hueso de pollo en garganta, esta historia cuyo parecido con la realidad NO es coincidencia. Pensé que la tendencia de padres retrógrados y autoritarios había pasado de moda, pero ya veo que me he equivocado de nuevo… luego de internalizar el caso planteado anteriormente, empezaron mis interrogantes: ¿Cómo se puede ser tan miserable en la vida? ¿Cómo se puede ignorar con tanta facilidad el rol de padres? ¿Cómo se puede ser tan tacaño para negarle agasajos y comodidades a un hijo valioso?

¡QUE MISERABLES!

Frase despectiva que utilizan mis padres para catalogar a los tacaños… y es que precisamente, bien mezquino hay que ser para ver como tu hijo pasa una necesidad y tu no la solventas por gusto y gana. Señores, seamos claros, el dinero no es para tenerlo de adorno, el dinero es para comprar adornos, solventar necesidades y adquirir comodidades, porque como bien mi mamá

En la urna no te vas a llevar nada…