miércoles, septiembre 26
Del sindrome de Venezuela.
viernes, diciembre 30
Del 2011 Vólumen 1: lo que prefiero no recordar... tanto.
El pensadero de Dumbledore, objeto Harry Potteriano que proporcionó el nombre de este blog, es uno de los inventos mágicos más cautivadores de la saga. Siempre me pareció fascinante el concepto de tener un lugar, fuera de nuestro cuerpo, para guardar ciertos pensamientos. Un aparatico donde, por elección propia –contario a lo que sucedía en The Final Cut-, podamos drenar el exceso de recuerdos no gratos de evocar.
En líneas generales, el 2011 fue un año digno de almacenar en la neurona más recóndita y menos utilizada de mi hipocampo. La absurda frecuencia de eventos tóxicos para mi ser, es la verdadera razón por la que quisiera suprimir este complicado año de mi biografía mental, sin embargo, no sería lo correcto, porque como diría Jorge Santayana:
Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo
Mi vida no es un libro abierto –excepto para Daniel-, incluso en este pequeño lugar de la red reservado only for me, mi transparencia tiene sus límites. Por esta razón, en vez de especificar cada una de esas vivencias que quiero olvidar, he resuelto dividir en dos periodos mi 2011: 1) Flightplan 2) Justine.
Flightplan es una película cuya trama se centra en la búsqueda desesperada de una madre (Jodie Foster), por su hija dentro de un avión en pleno vuelo; los pasajeros alegan no haber visto ninguna niña y durante más de 80 minutos, etiquetan de loca a la mujer. Relativamente parecido inicié mi 2011, solo que el avión equivaldría a la vida pasando, yo interpretaría el papel de Jodie y, en vez de una búsqueda desesperada, concurriría una fijación hacia todos los aspectos cambiantes –no bienvenidos- que surgieron de la nada. Tuve que escuchar muchas veces “estás equivocada”, para que finalmente me concedieran lo que siempre fue mío: la razón.
Mi momento Justine –personaje de la película Melancholia- fue la consecuencia de las poco memorables vivencias del 2011. Si bien a mediados de enero estaba poseída por un alter ego borderline, apenas arribó el segundo semestre del año, la depresión rigió y las crisis se agudizaron. Y es que luego de tantas violaciones a mi alma, dejé de comer, estudiar y dormir bien. Una nueva oscura yo necesitaba cerrar las cortinas durante el día, arrastrar su sillón hasta el televisor, arroparse para apaciguar los escalofríos y vivir un trance que únicamente permitía cambiar compulsivamente los canales.
Tropezándome con algunas –muchas- personas que me acusaban de anoréxica, deprimida, demacrada y mucho más, elegí aislarme y vivir mi sufrimiento prácticamente sola.
***
Muchas veces me encuentro reflexionando la frase que una compañera de clases –a quien juzgué erróneamente- usó para tranquilizarme durante un momento de crisis –académica- momentánea:
Dios ayuda a los inocentes…
Aunque todavía me pregunto por qué merecía las grandes decepciones e ilusiones destruidas, las horribles pesadillas, el estrés postraumático, la ansiedad, desesperanza y desconfianza en el mundo, el miedo, el vacio, las profundas heridas y el dolor terrible que producen, Dios –el karma, la energía en la que creo o lo que sea- decidió apretarme con fuerza, pero no ahorcarme, y en un momento dado, la luz al final del túnel decidió aparecer, si bien tenue al principio, con ansias evidentes de crecer.
Simplemente soy una inocente que debía demostrarse a sí misma que a pesar de llamarse débil de alma, a la final, resulta ser la más fuerte de todos...
Decidí que esa es mi explicación para un 2011 bastante sádico con mi sistema límbico. También decidí estrecharte la mano 2011, meter dentro de tu maleta las malas experiencias del año y agradecerte por convertirme en una verdadera fighter.
domingo, noviembre 20
De El Sindrome de Desconexión Sentido Común-Lengua
Díganme muchachos, ¿cómo se produce leche en las mujeres?Preguntó la doctora. Para los que ya hemos visto gineco-obstetricia la respuesta era sencilla: prolactina e hipófisis. Clásicamente el estimulo que crea el bebé al succionar el pezón y los tumores hipofisarios producen galactorrea, como bien lo explicó mujer morisqueta.
Muy bien, ¿de qué otra manera se puede producir leche?
Bueno doctora, cuando a mí, bueno, cuando a una le succionan los pechos durante la relación sexual sale leche… es decir bueno yo he visto, bueno, he leído, es decir…
¡¿Cómo?! ¡¿A ti te sale leche en cada relación sexual?! ¡¿Cuántas veces al día tienes sexo?! ¡¡Mínimo 5 veces y con succiones bien fuertes!!
jueves, septiembre 22
De que simplemente no te quiere.
¿Será que le envió un mensaje? ¿Qué piensas tú? Voy a enviarle un mensaje y si responde le digo para llamarla…
Y efectivamente, luego de usar mi poker-actitud de psiquiatra en formación y decirle eres tú quien debe hacer lo que creas conveniente, decidió enviarle un mensaje de texto a la mujer que desata sus peores crisis existenciales –otra vez. Ella, con su poker-actitud de mujer black widow, respondió distante al mensaje desesperado que él le había enviado, estableciendo una pobre interacción que fue suficiente para armarlo de valor y proponer darle un ring. Ella prometió avisarle, sin embargo nunca cumplió.
A través de esa historia, cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia, entendí que los seres humanos nos esforzamos por hacer de nuestras vidas un deja vu eterno, eso de tropezarnos con la misma piedra dos veces –y 3,4,5,6 +oo veces- es algo inevitable para nosotros por la única razón de que nos fascina revivir nuestros errores.
Y es que cuando de amor se trata, la carga hormonal y las sinapsis aceleradas de nuestro sistema límbico nos convierten en verdaderos tarados. Tal como dice el mito de que la virgen pasa un manto sobre la mujer que ha parido para que olvide el dolor y quiera embarazarse de nuevo, Cupido pasa su pañal para que las personas olviden el desafortunado enamoramiento y se enamoren de nuevo. Debe ser la shit del pañal el secreto tras la amnesia retrograda que surge luego de cualquier amarga experiencia amorosa... así como en una película que vi hace unos días.
A primera vista, el poster de “Simplemente no te quiere” es desalentador, cuando muchas estrellas se reúnen para filmar una película el resultado es equivalente a un desastre de proporciones épicas. Sin importar esa aseveración cinematográfica, mi naturaleza cinéfila decidió darle una oportunidad a la historia de dos –MUY LARGAS- horas y diez minutos de duración.
Esencialmente la trama está enfocada en 3 relaciones de pareja –una más decadente que la anterior- cuyos personajes se interconectan los unos con los otros siguiendo una enredada regla de los 6 grados de separación. Así nos mezclamos con un matrimonio “perfecto” hasta que la naturaleza mitómana del esposo se cruza con una perra del infierno; a los concubinos imperfectos que experimentan la presión de las nupcias –la falta de- y por último, con la eterna rechazada-desesperada.
Ese último concepto es mí preferido, la mujer –en la vida real también puede ser hombre- que persigue a una persona simplemente por alguna palabra bonita que llene de esperanza –erróneamente- su corazón. Esa que se aferra a vínculos débiles y exagera hasta el mínimo gesto de cariño. Es ahí cuando aparece mi personaje preferido Alex, cuya carencia de escrúpulos y sutilezas deja claro que: si no te llama, si no te busca, si no te habla, si desaparece, si te deja esperando, SIMPLEMENTE NO TE QUIERE…
Parece sencillo de entender, no obstante, mis estudios de campo demuestran que la gente rechaza tal afirmación. Por esta razón he decidido que mi trabajo investigativo final para obtener el título de doctora en neurociencias de la universidad de Harvard –pienso en grande- tendrá como título:
¿Por qué el ser humano se resiste cuando SIMPLEMENTE NO LO QUIEREN?
jueves, septiembre 1
De los miserables...
A medida que transcurres entre los caminos borrascosos de la vida y encuentras en el recorrido cualquier número de seres humanos con los cuales inevitablemente interactúas, notas la facilidad con la que cada uno de ellos logra adaptar una simple palabra a gran variedad de situaciones. Ejemplos:
¡Hay que ser bien miserable…! ¡Miserable hijo de p…! ¡Pobre, que miserable su vida…!
Miserable, palabra protagónica común en las tres expresiones; esta versatilidad para aplicarse a diferentes frases radica en su condición polisémica, definiéndose miserable como: persona pobre y necesitada de ayuda económica; individuo que intenta gastar menos de lo que podrían permitirse; e incluso, persona despreciable, que realiza actos perversos.
No obstante, en este post no hablaremos de lingüística ni lenguaje; hoy, a través de un caso que les he preparado, exploraremos los miserables de la vida real, esos que contrastan con los miserables de Víctor Hugo y que nos demuestran como la ficción anda en pañales mientras la realidad ya tiene bastón…
Caso: familia adinerada con un hijo a quien llamaremos –para mantener anónima la identidad de todos- Policarpio. Policarpio, rico de cuna y ególatra consumado, pasa sus días quejándose del mundo en que habita, del aire que respira y de la incomprensión “incomprensible” que debe soportar de las personas que lo rodean. Policarpio se lamenta con infortunados de cómo sus padres ignoran más que sus caprichos, reales necesidades.
Desde hace días tenia atragantada cual hueso de pollo en garganta, esta historia cuyo parecido con la realidad NO es coincidencia. Pensé que la tendencia de padres retrógrados y autoritarios había pasado de moda, pero ya veo que me he equivocado de nuevo… luego de internalizar el caso planteado anteriormente, empezaron mis interrogantes: ¿Cómo se puede ser tan miserable en la vida? ¿Cómo se puede ignorar con tanta facilidad el rol de padres? ¿Cómo se puede ser tan tacaño para negarle agasajos y comodidades a un hijo valioso?
¡QUE MISERABLES!
Frase despectiva que utilizan mis padres para catalogar a los tacaños… y es que precisamente, bien mezquino hay que ser para ver como tu hijo pasa una necesidad y tu no la solventas por gusto y gana. Señores, seamos claros, el dinero no es para tenerlo de adorno, el dinero es para comprar adornos, solventar necesidades y adquirir comodidades, porque como bien mi mamá
En la urna no te vas a llevar nada…

