jueves, octubre 4
De que yo votaré por mi, por mi futuro, por Venezuela.
miércoles, octubre 3
Del Plan Vacacional Ruralita 2012: Lo mejor es lo que pasa.
Eran tres razones muy importantes las que me impedían perder el
control esta vez: primero, adelantar una rotación de mi internado rotatorio de
pregrado. Segundo, dos rotaciones restantes por cursar, una de ellas imposible
en intensivo. Tercero, no mudarme a un lugar menos civilizado que Puerto la
Cruz. Por lo tanto, sin pensarlo dos veces, acudí a lo que denomino mi “ángel
de la guarda académico” Rosibel e hice mi petición: un cupo –al cual tenía
derecho irrevocable- para cursar la ruralita en un pueblo que no exigiera
mudanza, durante mi YA NO periodo vacacional agosto-septiembre 2012.
taquipsiquia
pensaba en diferentes -catastróficos- escenarios posibles y recurrí a una de
mis mejores herramientas, la contracción enérgica de glúteos mayores, la cual
mantuve hasta que un listado, una reubicación y mucho caos después, anunciaron que
–milagrosamente- Angela estaba asignada junto a la señorita Julib y la señorita
Esther, en el ambulatorio rural tipo II “El Rincón”. miércoles, septiembre 26
Del sindrome de Venezuela.
domingo, agosto 26
De que todos somos siameses emocionales.
Sea cual sea la respuesta a esas interrogantes prefiero mantenerlas en un estado enigmático permanente. Si, definitivamente es mejor no averiguar –ni en esta, ni en mi siguiente vida- como se resuelve el existir cuando se está literalmente adherido a otra persona; mucho mas tomando en cuenta mis poco evolucionadas habilidades públicas -mención poceta-, las que me impiden –forever and always- alcanzar el mínimo de concentración requerido para hacer pi/pu en todo baño diferente al de mi vivienda.
La verdad es que la mayor parte del colectivo corre con la suerte de que un solo espermatozoide destaque por su gran rapidez flagelar, fecunde a un solo óvulo grandote y fin de la historia, cero inventos, nada de divisiones raras –e innecesarias- en los siguientes días ni –peor todavía- dos espermatozoides muy rápidos y dos óvulos bien desarrollados para implantar. Nos podemos dar el lujo de ser rey o reina en nuestra colonia uterina y, con tan poca edad, convertirnos en los dueños de nuestro loft amniótico.
Diariamente vamos desarrollándonos como seres solitarios e incluso ermitaños, cosa que nos permite alcanzar una relación perfecta con la deidad que nos nutre a través del cordón umbilical. Solitos nos preparamos para el gran día de venir al mundo, sin ayuda de nadie hacemos un montón de piruetas itraabdominales y con mucho estilo decidimos –sin pedirle permiso a nadie- cuánto tardaremos en salir –si es que quieren salir, porque algunos como que pensaran pasar su vejez ahí y es cuando empieza el “corre corre” para la cesárea.
Soberanos y soberbios hasta que la poca agudeza visual con la que nacemos nos permite detallar la cara de nuestro Dios –sinónimo f. “mami, marvy”-… Y SEÑORES, NOS HEMOS JODIDO… consolidado nuestro primer lazo afectivo, abrimos la puerta de nuestro corazón –sistema límbico- a los futuros siameses emocionales que formaran parte de nuestra vida.
La próxima semana se cumplirán dos años desde que encontré a MI siamés modalidad pareja. Apenas lo visualicé, lo estudié en cuestión y ya bien descrito busqué mi kit de cirugía menor: una buena sutura NO REABSORBIBLE –para que todos puedan verla por siempre a kilómetros de distancia- y las pinzas que utilicé para rafiar plano por plano, mi piel a su piel, mi corazón a su corazón y mi alma a su alma. Como siempre, cuando de suturar se trata, hice un trabajo impecable; de dos pasamos a uno, dependientes e inseparables…
Inseparables hasta que [insertar suspiro aquí]… por motivo del aniversario de sus padres, se vio en la –difícil, si claro- obligación de realizar un viaje familiar de dos semanas a otro país. 15 días de correos al amanecer y/o anochecer, intermitentes durante el día si el wi-fi -mi nebulizador/desfibrilador de esa etapa- tenía la cordialidad de aparecer. 360 largas horas de agonía, desesperación, amargura, angustia y un deja vu con, irónicamente, ciertos rasgo de fenómeno de aniversario.
Por lo tanto y valiéndome de mis derechos siameses establezco los siguientes estatutos:
Estatuto primero: mi siamés no realizará otro viaje SIN MI a un país que no sea Venezuela ni a zonas sin wi-fi o sin señal telefónica/celularistica venezolana. Moléstele a quien le moleste.
Estatuto segundo: se permitirá un máximo de 3 horas incomunicados, siempre y cuando estas sean previamente justificadas con un argumento substancial.
Estatuto tercero: HE DICHO.
domingo, marzo 18
De la felicidad y los trastornos desadaptativos.

Siempre he rechazado la conceptualización colectiva del término felicidad como un estado que alcanzamos cada cierto tiempo y cuya duración tiene fecha de vencimiento. Mi teoría se centra en la lucha constante por lograr lo que nos proponemos, esa necesidad de un “algo” y el esfuerzo que concentramos en alcanzarlo es lo que yo denomino felicidad. Exclamar frases como “hasta que no lo alcance, no seré feliz” no es más que una mala costumbre bien arraigada, que nos forja a ignorar el hecho de ser felices solo emprendiendo un viaje cuyo destino final es nuestro objetivo inicial.
Por tanto, si las personas creen que la felicidad es un momentico y ya, me pregunto ¿nuestro día a día es entonces un estado de infelicidad crónica? Seria esto injusto con la vida, incluso cuando ella a veces no es tan justa con nosotros. La plenitud total es lo que sobreviene a resistir las turbulentas tormentas y vencer todos los obstáculos que te separaban de tu tan anhelada meta, y aunque su duración es limitada, representa el final de un ciclo pero muy bien, el inicio de otro.
La infelicidad no se produce por las dificultades propias del viaje, ya que estas las tanteamos una vez que trazamos el camino a transitar hacia nuestro objetivo. Por ende, la infelicidad no es el producto de algo estático y previsible, pero si de algo que surge sorpresivamente en contra tuya y de nadie más, un generador de sufrimiento personalizado que no te plantea un reto –como lo haría el obstáculo-, pero si daña esmeradamente tu frágil alma, tus sentimientos puros y tus sueños inocentes. Es decir, la infelicidad no es producto de un algo que te impide seguir, es resultado de un alguien que te lesiona para que no sigas.
Hace casi un año mi travesía = felicidad en búsqueda de la plenitud total, se tornó oscura y fea, idéntica a aquel dibujo que mostró la psicólogo en una clase de psicología médica, y cuyo análisis personal me convirtió en la deprimida-suicida del salón. Un camino oscuro y solitario, con un monstruo escondido que conoce tus pasos y, situaciones terribles, espeluznantes e hirientes. Y así fue mí recorrido durante algunos meses, hasta que un buen día todo empezó a iluminarse, todo excepto esos rastros de oscuridad y amenaza constantes dentro de mi alma.
Recientemente leía uno de los libros que tanto me encanta revisar –el DSM IV- y encontré un trastorno que no conocía profundamente –al menos en teoría- denominado trastorno desadaptativo. Coincidiendo con sus criterios, me autodiagnostiqué. En el trastorno desadaptativo ocurre la aparición de síntomas emocionales o comportamentales como respuesta ante la presencia de un estresante, siendo el malestar producido, mayor al esperable, deteriorando la actividad social/académica/etc. Los síntomas pueden ser depresivos, ansiosos, o mixtos, yo presento uno mixto.
Lo bueno de los trastornos desadaptativos es no se escuchan voces que te dicen “matate” o deliras que todos conspiran en tu contra, tampoco se deteriora el cerebro ni pierdes muchas capacidades mentales. Se supone que una vez aplacado el factor estresante, tu vida vuelve a la normalidad en 3, 2, 1. Y lo certifico, una vez que controlas los factores desestabilizantes y tu refugio es reconstruido, vuelves a ser una persona más o menos normal y homeostática, con fe en el futuro y confianza en que no pasaras por eso de nuevo.
Hasta que, como yo, pasas por algo similar de nuevo, tu vida se desestructura de nuevo y la desesperanza predomina en mis días… de nuevo.
jueves, febrero 16
De la víspera de mi cumpleaños.
Según wikipedia, el masoquismo es la obtención de placer al ser víctima de actos de crueldad o dominio. Por su parte, el sadismo es la obtención de placer al realizar actos de crueldad o dominio. Hoy, en víspera de mi cumpleaños, reafirmo mi teoría fácilmente demostrable de que soy una sadomasoquista. Es que no se le puede denominar de otra manera a ese juego sádico y persistente entre mi alter ego y yo, en el cual disfrutamos torturarnos y ser torturados el uno por el otro.
El video que verán a continuación es la evidencia más absoluta que respalda mi autodiagnóstico anterior:
Ha pasado mucho tiempo desde aquel día que decidí enfrentar mi fobia a los cortes comerciales. Apenas terminó el primer bloque del programa que miraba en Natgeo, controlé la tentación de cambiar canales compulsivamente hasta que las propagandas terminaran. No pensé que esa decisión afectaría mi futuro, pero así fue luego de que apareció el susodicho video frente a mi retina.
Mi de por si obsesión con… TODO, se incrementó a niveles estratosféricos tras conocer el estimado de minutos malgastados de mi vida, que Natgeo me informaba en tan solo 45 segundos. Cuanto tiempo de mi existencia había perdido buscando mi control remoto –búsqueda que se volvió más frecuente desde entonces-, jugando con las arrugas de mis sábanas y, más indignante, soportando diferentes personas que no causan ni son ni ton en mi corazón, haciendo y deshaciendo con un tiempo que la vida me otorgó única y exclusivamente a mí.
Y aquí estoy, a pocas horas de cumplir un nuevo año de vida, torturándome con el tiempo que ha pasado, lo poco que he logrado y lo mucho que hay por hacer. Y es que aunque mi mamá me señale lo tanto que he alcanzado a mis 17 años –si, 17, mañana 18… …- sigo empeñada en pensar que me queda un quinto de mi vida para vivir, así que será mejor que comience…

