sábado, mayo 17

De if the answer is no, can i change your mind?



Por media hora las gotas de agua tibia circularon por todo mi cuerpo. Necesitaba sentir eso, calidez, quizás consuelo. Caminé cual ánima en pena hasta mi cuarto. Sin quitarme la bata de baño, me senté en mi sillón. ¡Cuánta historia alberga su esqueleto de madera, especialmente documentada en estos últimos días! Seguía sonando Guerra Lenta desde hacía un par de horas cuando también me senté en el mismo sillón, entonces vestida de jean y la infalible franela vino tinto que asoma mis hombros, resignándome ante el hecho de estar ofuscada por dos visiones adoradas de “oro, rosa y marfil”. 

Utilicé la cantidad estándar de jabón, pero la flor que adorna mi ombligo no se borró. Le urgía ser mucho más que un tatuaje temporal, sin embargo, tendría que conformarse con ser el recuerdo permanente de un instante feliz. De los que se evocan durante los momentos de desesperación extrema, intentando reconfortar cuando el espíritu es apuñalado dos veces con menos de 8 horas de separación. Como ayer. “… Que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro…” escuchando por enésima vez las mismas tristes notas cantadas por Asier, porque “no escuchas mi lamento, es como un grito contra el viento”.

La noche fue pasando pero no el sabor amargo de los dos tragos que me habían sometido a beber en el día. No interesaba el camuflaje de sonrisas compasivas y frases optimistas, era obvio el rechazo en las dos sentencias emitidas… y a pesar de que cada una aborda algún aspecto diferente de mi existencia, el común denominador era yo en contención forzada de mis lágrimas saladas. Todo para que no se cayeran ninguna de mis máscaras, ni la Mon Reve ni la innata “estoy bien”. 

Aunque al final, sé que la decepción refleja de mis ojos delata mi tristeza interna. La misma que persistía hoy en la mañana cuando me desperté. Porque sí. Por 10 o 15 días de enero, por 15 o 20 minutos más de un momento. Y no, no se trata de un capricho ni una crisis de histeria. Mi desesperación actual es la reacción ante la acción de anhelar un algo. De cultivar un inmenso deseo en el territorio fértil –e inocente- de mi corazón.

¿Por qué todo lo que quiero con tanta devoción, siempre es inalcanzable para mí?

Pensé reiteradamente una vez que decidí salir de la cama, desayunar, tomar las llaves del carro y manejar sin rumbo alguno al ritmo aleatorio del reproductor musical de mi celular. Perdí la cuenta del número de vueltas que le di a la avenida perimetral. Canté a todo pulmón varias canciones. Bajé los vidrios y permití que la brisa marina enredara mis cabellos. Repasé el siguiente fragmento del discurso de Tim Minchin:

"... No necesitas tener un sueño, los americanos siempre hablan de sus sueños en los shows de talento… Yo nunca tuve uno de estos sueños así que apoyo la apasionada dedicación a lograr metas a corto plazo. Sean micro ambiciosos, bajen la cabeza y trabajen con orgullo por lo que tienen al frente, nunca se sabe a dónde pueden terminar. Solo sepan que su próxima meta puede aparecer a su alrededor. Por eso deben tener cuidado con sueños a largo plazo. Si se concentran muy lejos hacia adelante no verán la cosa brillante en la esquina de sus ojos..."

Fue en abril cuando escuché esas palabras que facilitaron la transición que experimento desde febrero; 28 días que me sirvieron para comprender varias cosas: que seguía planteando metas infundadas, casi absurdas para un periodo de tiempo extenso y exacto. Que no se puede determinar el entusiasmo ajeno con lo que haya medido el propio. Que yo no era prioridad en mi lista de prioridades y eso debía cambiar. Que gente nueva había llegado a mi vida. Que estaba dispuesta a sucumbir ante mis premuras, luchar por mis aspiraciones y disfrutar de lo que estaba puesto en mi camino. 

Pensando en inmediatez, logré reescribir mis objetivos existenciales para los meses que me separan del 2015, resumiéndolos a más o menos 5 de las cuales 2 son primordiales y que justo ahora siento tambalearse por motivos ajenos a mi persona. Ya manejaba de vuelta a casa cuando empezó el solo de guitarra seguido de 4 golpes de baquetas y Brandon Flowers soplandome las preguntas que debí formular en la mañana y tarde del día de ayer: 
 
So if the answer is no, can i change your mind? 
So if i have a chance would you let me know?

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